25 de abril al 25 de mayo

Jueves, viernes y sábados, 7:30p.m.

Teatro Libre Centro (Carrera 12B # 2-44)

Boletas: $39.200

Duración: 100 minutos

 

Descuentos:

 

Viernes: 2×1 (Sólo en nuestras taquillas)

· 30%: Estudiantes (Sólo en nuestras taquillas)

· 30%: Tercera edad (Sólo en nuestras taquillas)

· 30%: Personas en situación de discapacidad (Sólo en nuestras taquillas)

· 50%: Pasaporte teatral (Sólo en nuestras taquillas)

· 15%: Club Vivamos El Tiempo

 

 

LA EVITABLE ASCENSIÓN DE ARTURO UI

de

BERTOLT BRECHT

Diseño de WILSON PELÁEZ / Dirigida por DIEGO BARRAGÁN

La obra es una explícita alegoría satírica del ascenso de Adolf Hitler al poder en Alemania. Sin embargo, en vez de Hitler está Arturo Ui, un mafioso en Chicago que, en la década de 1930, en plena época de Al Capone, llega a controlar la seguridad de la venta de coliflor mediante la extorsión y a través de la eliminación despiadada de toda oposición. Como un espejo deformado y hasta risible de la situación alemana, Arturo Ui llega al poder mediante el terror, el crimen, la traición y el engaño. En definitiva, la obra abarca, de forma magistral y simple, los principales episodios del ascenso del nazismo en Alemania y su primera expansión. También va señalando los elementos políticos, económicos y sociales que permitieron este ascenso al poder perfectamente evitable.

Reparto

Presentadora: ANDREA GARCÍA / Arturo Ui DIEGO BARRAGÁN / Ernesto Roma ANDRÉS CASTIBLANCO / Emanuele Giri JEYNER GÓMEZ / Guiseppe Givolá RICARDO CARO / James Greenwool ANDRÉS GÁMEZ / Actor HÉCTOR BAYONA / Dogsborough CARLOS MARTÍNEZ / Betty Dullfeet ALEJANDRA GUARÍN / Ignatius Dullfeet JUAN SEBASTIÁN RINCÓN / Flake ÁLVARO FRANCO / Butcher GERMÁN NARANJO / Clark HÉCTOR BAYONA / Sheet FABIÁN VELANDIA / Ted Ragg JUAN SEBASTIÁN RINCÓN / Dockdaisy LUISA GARCÍA / Bowl MARLON BISBICUTH / Fiscal FABIÁN VELANDIA / Abogado defensor ALEJANDRA GUARÍN / Criado FABIÁN VELANDIA / Gaffles ANDREA GARCÍA / O’Casey LUISA GARCÍA / Fish MARLON BISBICUTH / Inna FABIÁN VELANDIA / Hook JUAN SEBASTIÁN RINCÓN / La mujer ANDREA GARCÍA / Pastor GERMÁN NARANJO / Médico GERMÁN NARANJO / Juez ÁLVARO FRANCO / Comerciantes GERMÁN NARANJO, FABIÁN VELANDIA, ANDREA GARCÍA, ALEJANDRA GUARÍN, MARLON BISBICUTH, ÁLVARO FRANCO 

Asistente de dirección: JULIE CUÉLLAR / Composición musical: FABIÁN BELTRÁN / Utilería: DIEGO BARRAGÁN, WILSON PELÁEZ Y FABIÁN VELANDIA / Iluminación: FABIÀN VELANDIA / Fotografía: SR. MAO 

 

DIEGO BARRAGÁN SOBRE EL PROCESO DE MONTAJE:

Cuando decidí montar La evitable ascensión de Arturo Ui, leí las recomendaciones que hacía Brecht para su montaje. Algunas se hicieron parte de mi proceso creador de la obra: “para que los acontecimientos conserven la significación que por desgracia tienen, la obra debe representarse a lo grande (…) y lo cómico debe ir acompañado de los horrible”. Teniendo en cuenta esto empecé a descifrar la obra, pero desde el principio tuve una dificultad que tenía que ver con mi lugar dentro del montaje. Era actor y director al mismo tiempo. Tenía en mis manos la posibilidad de darle vida a un gran personaje y de guiar a mis compañeros del grupo hacia una lectura común. En principio, fue difícil no confundir estas dos posiciones. Estar en escena y dirigir se hizo algo prácticamente imposible. El camino que encontré fue pedirle al asistente de dirección que estuviera pendiente de lo que hacía. Luego cambiaba mi lugar con él, que ya sabía dónde ubicarse, para poder dirigir a mis compañeros. El único problema era que yo estaba prácticamente todo el tiempo en escena, y era muy difícil romper con lo que estaba pasando dentro de la misma, así que me encontré por momentos dando indicaciones desde el personaje de Arturo Ui.

Luego, cuando todo estaba prácticamente montado llamé a un segundo asistente: Julie Cuéllar. Ella estaba pendiente de que todo lo que yo había marcado se mantuviera, que ni los actores, ni yo, como actor, nos saliéramos de lo que había quedado “bien”. Julie era ese ojo que desde afuera vigilaba que todo lo marcado continuara de esa manera: nos decía cuándo estábamos desfasados o lentos. Y, obviamente, me hacía observaciones a mí cuando hacía algo de más o no se me entendía la letra.

El siguiente problema vino al momento de estrenar la obra. Definitivamente no podía estar frente al público, dentro de la escena con un personaje, dirigiendo a los demás. Entonces abandoné la dirección después de las primeras tres o cuatro funciones. Tuve que, como actor, desprenderme del papel de director y dedicarme a gozar el personaje. Fue imposible tratar de seguir la línea de mi personaje y estar corrigiendo al otro o estar pendiente de que el otro siguiera una marcación. De ahí en adelante el papel de Julie se hizo más activo, ella estaba pendiente de todo lo que pasaba durante las funciones.

Para llevar a escena la obra me ayudó el hecho de tener una idea clara sobre cómo quería montarla. Desde que la leí, sentí que Brecht la narraba de una manera muy histórica, haciendo un paralelo entre la acción escénica y lo que fue el proceso de ascensión de Hitler al poder. Yo nunca quise reproducir esa narración porque creo que la historia de Alemania fue la historia de Alemania. Nosotros tenemos nuestro propio Arturo Ui, que sigue vigente; yo sólo tenía que buscar la manera de que acá la gente sintiera que esa historia de gánsteres nos hablaba a nosotros.

Brecht logró tomar puntos clave que uno puede trazar en muchos otros tiranos, no solamente en Hitler. Él hizo de esa figura del tirano algo universal; yo no tuve que cambiar mucho del personaje para hablar del nuestro, sólo palabras, la manera de hablar o la cadencia de su voz. Nada más.

Este montaje me permitió vivir esa doble naturaleza de director y actor. Pude ver y experimentar las implicaciones que tenían mis decisiones como director. A veces, cuando daba una indicación desde afuera, yo entraba a actuar y me daba cuenta de que había cometido un error con mi indicación y que ésta no funcionaba. Para mí Arturo Ui fue un taller de dirección. Estar adentro y afuera del escenario me hizo comprender que uno tiene una idea como director y que, a veces, es difícil pasársela a los actores, pues no la entienden o la hacen con la cabeza pero no con el cuerpo. El montaje me sirvió mucho para aclarar mi papel, en términos de dirección.

Como actor, estos personajes son un reto, porque hacen que uno sienta esa fascinación con el poder. En algún punto de la obra quise encender las luces y hablarle al público de frente, involucrarlo en la acción, hacerlo tomar una posición. Hay gente que se mete tanto en el juego que pareciera que quiere pararse a aplaudir a Ui. Lograr eso proporciona cierta sensación de poder, algo que sorprende y, hasta cierto punto, aterra de este tipo de personajes: esa capacidad que tienen para envolver al público tanto en el mundo de la ficción escénica como afuera, en el mundo real.

“¡Recuerden que ese Ui estuvo a punto de vencer

y que los pueblos los pudieron derrotar!

Pero que nadie cante victoria sin saber,

¡que el vientre en que nació aún puede engendrar!”

Bertolt Brecht